“Todo sistema que, bajo una apariencia de
humanidad o de beneficiencia, llevase a una monarquía
bien ordenada a establecer entre los hombres una igualdad
de deberes ya destruir las distinciones necesarias , conduciría
pronto al desorden, consecuencia inevitable de la igualdad
absoluta y produciría la subversión de la
sociedad. El noble consagra su dignidad a la defensa del
Estado y asiste con sus consejos al soberano.
La última clase de la nación que no puede
otorgar al Estado servicios tan distinguidos, los suple
con los tributos, la industria y los trabajos corporales.”
Solennelles. Amonestaciones del Parlamento de
París. 4 de marzo de 1776.

