El país
galo era percibido por las potencias más
conservadoras como el inspirador de las ideas
revolucionarias
que atentaban contra el principio de autoridad monárquica
y el orden tradicional. La política bismarckiana
recibió el nombre de
“Realpolitik”
(“Política pragmática”)
y se llevó a la práctica mediante
un complicado entramado de alianzas que es conocido
como
"Sistemas bismarckianos".
