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LA CRISIS del 29 y la DEPRESIÓN Audio

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La economía de Entreguerras Bilingual SpaceBilingual space

El crack de la Bolsa de Nueva York

El crack de la Bolsa de Nueva York (Octubre de 1929) fue el origen de una recesión económica sin precedentes, la mayor que haya sufrido el sistema capitalista a lo largo de su historia. Además de su trascendencia estrictamente económica acarreó importantes repercusiones sociales, políticas, morales e ideológicas que pusieron en entredicho el modelo liberal hasta entonces vigente. Texto. Hobsbawm. Crítica al liberalismo  a ultranza.

El 24 de octubre de 1929 ha recibido el nombre de "Jueves negro". Las razones de tal apelativo residen en que ese día la Bolsa de Nueva York, el mayor mercado de valores del mundo, se hundió y arrastró consigo a la ruina a miles de inversores desatando una crisis que condujo a la depresión de los años 30.
Bolsa de Nueva York. 24 de octubre de 1929. Ampliar imagen
Wall Street. 24 de octubre de 1929. Ampliar imagen
Durante los meses precedentes se percibieron inquietantes signos de estancamiento en el mercado de valores. Una semana antes del crac se ejecutaron ventas de acciones superiores a lo normal.
El 21 de octubre esas ventas se incrementaron, pero fueron contrarrestadas por las compras que realizaron las grandes entidades bancarias (Banca Morgan).
Ese 24 de octubre se pusieron a la venta 13 millones acciones sin que en contrapartida las compras fuesen significativas. El martes 29 fueron 33 millones las que se enajenaron. La oferta masiva de títulos devaluó su cotización e impulsó a los inversores a desprenderse de sus activos. Texto. David Solar. El 24 de octubre, Jueves Negro de 1929 Texto. Galbraith. El martes 29 de octubre
Interior de la Bolsa de N. York tras el desplome de las cotizaciones. Ampliar imagen
Interior de la Bolsa de N. York
El camino hacia el crac comenzó cuando ciertos inversores, inquietos por los indicios de debilidad del mercado, decidieron vender. Especialmente sensibles a estos signos fueron los pequeños especuladores, muchos de los cuales no estaban en condiciones de hacer frente a una bajada que les impidiese la devolución de los créditos contraídos, precisamente para la adquisición de acciones.
Wall Street tras la caída de la  Bolsa. Ampliar imagen
Wall Street tras la caída de la Bolsa
El temor y la preocupación precedieron al pánico y a mediodía de dicho jueves la policía se vio obligada a desalojar la Bolsa ante los tumultos que se produjeron en sus inmediaciones. Se rumoreaba que varios acaudalados millonarios, arruinados, se habían suicidado. Texto. La desesperación de un  importante inversor de bolsa ante su ruina

Arriba

El 29 de octubre el descenso continuó imparable a pesar del esfuerzo de los bancos por evitar el desplome de las cotizaciones mediante la adquisición de valores.
Multitud en Wall Street. Ampliar imagen
Multitud en Wall Street
El intento fracasó y la Bolsa se hundió arrastrando consigo a todos los inversores entre los que hubo que contar importantes corporaciones financieras y bancarias.
Automóvil de afectado por el hundimiento de la Bolsa en venta. 1929. Ampliar imagen
Automóvil en venta
Más de un millón de familias quedó en la más absoluta ruina pues habían invertido sus ahorros, contraído créditos e hipotecado sus casas con la finalidad de adquirir unas acciones que inopinadamente habían perdido la mayor parte de su valor.
El paso siguiente en el proceso fue la actuación de los bancos, que temerosos de la retirada de ahorros por parte de sus clientes, vendieron sus propias acciones con el fin de obtener liquidez, acentuado de ese modo la caída del mercado.
Banco Nacional de Atlanta (Georgia). 1910. Ampliar imagen
Banco Nacional de Atlanta
Banco de California del Norte en Marysville. 1918. Ampliar imagen
Banco de California del N.
Arruinados los inversores en bolsa, los ahorradores retiraron sus depósitos bancarios y con ello anularon la capacidad crediticia de éstos. Muchas entidades no pudieron afrontar la masiva retirada de capitales y quebraron.
Ahorradores tratan de retirar sus fondos del Banco Passaic en N. Jersey. 1929. Ampliar imagen
Ahorradores retirando sus fondos
Las empresas fueron privadas de ese modo de una fuente esencial de financiación y se vieron empujadas a reestructurar la producción y sus plantillas laborales. Unas 32.000 firmas desaparecieron entre 1929 y 1932.
La interrupción de los créditos al consumo constriñó la demanda y la actividad productiva industrial. La combinación de restricción de créditos, quiebras bancarias y cierre de empresas originó un paro sin precedentes (más de 15 millones de desempleados) y una importante reducción de los salarios.

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