Las transformaciones
que tuvieron lugar en el campo económico fueron
acompañadas de otras tantas en la estructura
social. La revolución industrial estuvo
indisolublemente unida a los siguientes fenómenos:
El
aumento de la población europea
Fue consecuencia del mantenimiento de
altas tasas de natalidad (en
torno al 40 x mil) y la drástica reducción
de las de mortalidad. Este incremento
tuvo mayor relevencia en las ciudades
que en el ámbito rural.
La
urbanización
Las
ciudades crecieron por la inmigración
procedente de las zonas rurales y en muchos casos
por la afluencia de extranjeros. El proceso fue
rápido y desordenado, sin planificación
y estuvo ligado a fenómenos de superpoblación
e insalubridad en los barrios obreros.
Barrio obrero
Boulevard de París
Las
zonas burguesas sin embargo mejoraron progresivamente
sus infraestructuras (alcantarillado,
pavimentado, iluminación, agua potable, ensanches
etc). El ejemplo más representativo
de estos cambios fue la reforma urbanística
del barón Haussmann llevada
a cabo en París.
Desmantelamiento del Teatro Star de N.
York en 1902
La
urbanización estuvo ligada a la diversificación
de la población activa, descendiendo la
empleada en el sector agrario y aumentando la del industrial.
Progresivamente fue ganando importancia el sector terciario
(comercio, servicio doméstico, burocracia,
etc.)
El
nacimiento de una sociedad capitalista dividida en clases
Frente
a la estamental-feudal,
la sociedad de clases suponía
en principio, la equiparación de todos los
individuos ante la ley. Pero esa igualdad legal
no se correspondería con la división
social, estructurada en torno a dos clases fundamentales:
la burguesía,
propietaria de los medios de producción (fábricas,
maquinaria, tierras, etc.) y el proletariado
(sin propiedades y por ello necesitado
de vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario).
Durante las primeras fases de la industrialización
y hasta que la legislación social mejorase
la situación, el proletariado estuvo sometido
a una sobreexplotación que posibilitó
a los patronos la acumulación
de grandes fortunas.
Niños mineros
La
promulgación de normas protectoras relativas
al trabajo infantil y femenino, la reducción
de jornada laboral y la mejora de la salubridad
en las fábricas, fueron consecuencia directa
de la presión ejercida por el movimiento
obrero.
La
burguesía se erigió en la clase dominante
de esta nueva sociedad,
en lugar de los antiguos privilegiados tras
una serie de oleadas revolucionarias
que se sucedieron a lo largo del siglo XIX y que le
permitieron imponer sus formas y valores de vida. La
doctrina económica en que se fundamentó
tal prosperidad fue el liberalismo.