A mediados del siglo XVIII Gran Bretaña
poseía en la costa atlántica del Norte de
América 13
colonias:
Económicamente
Habían
alcanzado cierta prosperidad. Las 8
del norte basaban su pujanza en la
industria y el comercio y
estaban lideradas por una rica burguesía.
Las 5 del sur eran agrícolas
(plantaciones de algodón,
tabaco y arroz trabajadas por esclavos negros)
y su clase adinerada la componían fundamentalmente
terratenientes.
Plantación
de algodón
Tanto unas como otras,
desde una práctica mercantilista,
estaban sujetas al llamado "Pacto
Colonial" que las obligaba a suministrar
materias primas a la metrópoli a cambio
de recibir sus manufacturas.
Políticamente
Jorge III
Dependían
de la Corona Británica
(Jorge III), gozaban de
escasa autonomía y los
gobernadores británicos constituían
la máxima autoridad. No poseían
representación en el Parlamento Británico,
lugar donde se decidían los asuntos importantes
referentes a las colonias, tales como la fijación
de impuestos. Todo ello generaba malestar
entre los colonos deseosos de alcanzar cierto
grado de autonomía.